Altas Expectativas

Cómo Acabas Una Nueva Relación Desde El Principio

Todas las relaciones empiezan con un poco de precaución, emoción y esperanza.

¿Encontré por fin mi amor verdadero? ¿Durará para siempre? ¿Será mi alma gemela?

Lo malo es que a veces matas la relación desde el principio y sin darte cuenta, así que lo puedes hacer una y otra vez…

¿Por qué? Si las personas queremos tener amor y compañía, ¿no debería ser más fácil?

Podría ser, pero a veces acabas con todo desde el principio.

Por ejemplo, Marcela llega a su primera cita después de conocer a un tipo por Internet. Estaba tan emocionada que apenas podía estarse quieta.

El reloj parecía estar detenido y decidió hacer tiempo en otro lado; si se quedaba en la casa podría enloquecer.

Cuando regresó todo había cambiado. Su cara era digna de ponerse en el diccionario, en la definición de “decepción”.

“¡No era nada de lo que me esperaba!”, comenzó mientras se servía un trago.

Durante horas estuvo diciendo quejándose de muchas cosas, pero al final todo quedó en una sola frase: el tipo era un mentiroso.

Le había dicho tantas cosas que ella se había enamorado y ahora no sabía qué hacer.

Me lo imaginé como el típico presumido que se la pasaba alardeando acerca de sus logros interminables pero que “a la hora de la hora” resultaba un pobre diablo con delirios de grandeza.

“Mala suerte,” pensé, “tal vez a la otra conozca a alguien real”.

Pero eso tendría que esperar: Marcela le había prometido ir a una segunda cita, en la que me embarró para poder terminar rápido.
Renuente, acudí con ella.

El tipo no era tan mal parecido, pero como era un mentiroso y presumido, no pude evitar sentir que me caía mal desde antes de que abriera la boca. Se presentó como Luis.

Marcela fingió que iba a contestar una larga llamada y nos dejaba un momento.

La conversación fluyó rápidamente y pude darme cuenta de que Marcela tenía razón: Luis no era para ella.

Por fortuna me dijo que parecía que las cosas no iban como había pensado y que probablemnte no llegaría a nada. ¿Cómo se dio cuenta?

Porque, a diferencia de lo que pensaba Marcela, Luis era un tipo inteligente. Era además gracioso y entretenido.

No solo eso, también traía buenos tenis y tenía un puesto bastante alto en una empresa.

O sea, no era para Marcela.

Aparentemente ella buscaba a un prícipe azul que llegara con un séquito de esclavos cargando joyas, cabalgando un unicornio.

No sé que cosas se hizo esta mujer en la cabeza pero realmente había matado cualquier oportunidad con él (conste que ya pensaba más en Luis que en ella).

Me cayó bien y parece que yo también al él, puesto que al rato me pasó sus datos para ver si nos reuníamos otra vez (era fan de mi equipo favorito).

Después de despedirnos, Marcela me dijo que no volvería a hablarle. No le contesté pero pensé “Yo sí”.

Ya en mi casa me puse a pensar en las muchas veces que, como Marcela, echamos a perder las oportunidades por hacernos expectativas que pasan de la realidad.

Y conste que no me refiero a tener estándares altos, sino a vivir fuera de la realidad. Marcelita no es mal parecida pero tampoco parece princesa para que se ponga tantos moños.

Conozco varias personas que están ahí, esperando a alguien que nunca va a llegar. No porque no los merezcan, sino porque los unicornios no existen.

Por eso prefiero dejar las expectativas en la casa. Las relaciones no llegan como una casa hecha a la medida: hay que construirlas desde la base.

Si no, ¿qué se puede esperar?

Así que ahora estoy sentado en un café, recordando a Marcela mientras espero. ¿Será el amor de mi vida? ¿Será mi alma gemela?

No lo sé… pero sé que si nos la pasamos muy bien en línea, seguramente será mucho mejor ahora que la conozca. Tal vez no sea lo que espero, pero estoy seguro que será una nueva ilusión.

A menos que llegue en un unicornio…

 

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