Picnic al atardecer

Aniversarios, picnics y sorpresas

Dicen que las sorpresas son parte de la vida y hacen que valga la pena vivirla.

Además, para las ocasiones especiales, una bonita sorpresa hace que las llamas del amor se hagan más grandes.

Claro que se suponía que la sorpresa sería para ella, pero fue para los dos y no en el modo en que esperaba.

Durante toda la semana me había preguntado cómo celebrar un aniversario con mi esposa. Las cosas no estaban muy bien económicamente, así que, cualquier cosa que eligiera debía ajustarse a nuestro presupuesto.

Elegí lo que aparece en muchas películas, libros y comedias románticas: un picnic al atardecer.

Compré una botella de vino, algunas latas de cosas finas y prepararía un buen sandwich con una baguette antes de salir del trabajo.

Tal vez no era mucho, pero sería una tarde romántica.

Iríamos a un parque a la orilla de una laguna, donde nos habíamos comenzado a andar de novios, una noche de verano hace ya muchos años.

A fin de cuentas, solo necesitas estar con tu amor para pasártela bien, ¿no?

Todas las viandas irían en una canasta con una flor. Tendería un mantel en el pasto, caminaríamos un momento mientras el vino “respiraba” y después comeríamos lentamente, jugando con nuestros recuerdos y lo que podríamos hacer después.

Ya en la noche, nos besaríamos a la orilla de la laguna y renovaríamos los votos que alguna vez hicimos de estar juntos siempre.

De acuerdo a las películas románticas, sería una gran velada romántica.

Si no salía así, ¡Qué importaba! Estábamos juntos y las sorpresas son parte de la vida.

La primesa sorpresa fue que ambos creímos que un mantel sobre el pasto era igual que una mesa. Acomodé todo primorosamente con la canasta en medio y ambas copas frente a frente, con la botella de vino a un lado.

Una vez que nos sentamos, el mantel siguió las leyes de la física y la botella se volcó, dejándonos solo media copa a los dos.

La segunda sorpresa fue la rapidez con la que llegaron las hormigas.

Para ser unos bichos tan pequeños, se mueven con una rapidez extraordinaria, aunque hay que recordar que tenían vino de sobra y, como muchos gorrones en fin de semana, no iban a dejar pasar la oportunidad de tomarse unas copas gratis.

Intentamos cambiarnos de lugar, pero las hormigas nos demostraron que eran más rápidas, así que comimos el sandwich caminando.

El atardecer fue hermoso. Los colores de la puesta del sol eran magníficos. He visto muchas pinturas y leído mil descripciones pero nada se compara con la multitud de colores y sombras.

Nos abrazamos, envueltos en la multitud de colores, fundidos con el esplendor del astro rey ocultándose en lontananza. Bueno, nos fundimos con el y con los mosquitos.

La tercera sorpresa no fue la nube de moscos sino que se nos hubiera olvidado a los dos.

Al principio tratamos de mantener la figura como los de las películas, pero seguramente los actores tenían repelente o la puesta del sol era computarizada.

“¿Quieres ir al carro?” comencé a preguntar pero ella me contestó que sí incluso antes de terminar la pregunta.

Ya refugiados en el coche, empecé a balbucear una disculpa, pero me interrumpió con un beso.

Pude ver sus ojos brillar en el ocaso y en su cara la sonrisa que siempre terminaba por derretirme.

Teníamos piquetes de hormigas y mosquitos, nos habíamos quedado con hambre y un mantel tenía una mancha enorme, pero no parecía molestarle.

“Gracias por la velada. Fue hermosa”.

Ahí me di cuenta de cuanto la amaba y por qué. ¿Quién más podría decir que eso fue hermoso?

Encendí el auto para regresar a casa pero en esta ocasion no solté su mano hasta que llegamos.

El siguiente aniversario sería genial, pensé para mí. Solo espero que sin tantas sorpresas…

Imagen: stock.xchng

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